jueves, 20 de marzo de 2014

La entrevista (I Parte)


Ven de Roberto García. Capítulo 1. La Entrevista I parte

Viernes 14 de febrero del 2014
6:00 AM


    El despertador apenas emitió un solo “bip” cuando una mano veloz lo desconectó.
Una ducha rápida, un café y en 30 min ya se encontraba de camino al trabajo.

“¡Hoy va a ser un gran día! ¡Hoy es mi día ¡ ¡Hoy voy a tener suerte!” Mantra que se repetía una y otra vez desde hacía una semana.

    Al entrar en los grandes almacenes donde trabajaba, respiró profundamente. Llevaba dos meses sin un fin de semana libre y aquél le tocaba. Lo tenía todo preparado. Se iba a una casa rural con todos sus amigos de la universidad. No se juntaban desde que se graduaron. Hacía ya tres años, que no se veían los veinte: José, Cristina, Patricia, Edu…
Además, aquella tarde tenía una entrevista en una empresa de exportación de artículos decorativos.
Las pasadas navidades con los almacenes repletos de compradores compulsivos, le habían dejado un regalo. Un cliente, al que atendió, como a cualquier otro, le dio su tarjeta. Simplemente le dijo que le había gustado el trato y la profesionalidad demostrada. Cuando se marchó, lo observó bien. Nada raro. Caucásico, cerca de los 50 años, muy bien conservado y vestía de forma elegante. Guardó su tarjeta en el bolsillo y siguió trabajando.
Días después, su madre la encontró en el uniforme; por suerte ella siempre miraba los bolsillos antes de meter la ropa en la lavadora. Por la tarde, al volver a casa, la resplandeciente cartulina de color hueso se hallaba encima de su mesita de noche.


Ricardo del Monte Ibáñez
Director Ejecutivo de MUY & TRE
XXX-XXX-XXX


    Llamó pasadas las fiestas, antes habría sido imposible. Las Navidades eran épocas de horas extras, no disponía de mucho tiempo libre.
Después de varias entrevistas, pruebas de todo tipo e incluso una revisión médica, en la que le hicieron firmar la autorización para detectarle enfermedades infecciosas (sida, hepatitis,…); le quedaba la última: la entrevista personal con el Sr. del Monte.

    Las puertas se abrían a las 10:00 AM de cara al público, pero los trabajadores empezaban a las 7:00 AM. Sobre las 9:00 AM hacían el descanso. Normalmente subía a la azotea, zona de fumadores. No fumaba, pero allí se reunían todos.
Aquel viernes decidió pasar por los vestuarios antes de subir, quería mirar el móvil, por si tenía alguna llamada de sus compañeros o de MUY & TRE.
El pasillo, desierto, mostraba una luz al fondo, donde la puerta del vestuario aparecía entre abierta. El ruido de un banco al arrastrase le llamó la atención. A medida que se aproximaba a la puerta, el sonido desapareció para convertirse en gemidos.
Se agazapó, fijándose en las dos figuras que se hallaban dentro. La luz encendida de unos de los servicios apenas las iluminaba, pero intuía lo que ocurría. La más corpulenta se hallaba de pie, apoyada contra la pared y la otra, de rodillas, parecía muy ocupada en su trabajo.
Agudizando el oído, había identificado en los gemidos de placer del hombre la voz del encargado de planta, Óscar. Ahora se centraba en averiguar, con una sonrisa malévola en los labios, quien era la que estaba realizando la “limpieza de bajos” a aquel esperpento de ser.
Veía el pelo largo y rizado bajo la enorme mano de dedos gordos, y como ésta mantenía prisionera la cabeza a la que acompañaba u obligaba en sus movimientos.

_¡Hasta el final Teresa! ¡Hasta el final!_ escuchó mientras el hombre le cogía a la chica la cabeza con las dos manos, apresándola sin escapatoria.
Un gemido ahogado interrumpido por el sonido de una arcada hizo que se apoyara en la puerta tapándose la boca ante la risa que le producía la escena.
_ ¡Trágatelo guapa, que sino no hay trato!_ la voz pastosa por el orgasmo le produjo asco de aquel hombre y lástima por Teresa.

    Salió de allí deprisa, antes de que alguno de los dos le viera.
No sabía cómo reaccionaría al encontrarse a Teresa por los pasillos de la planta, pero tenía muy claro, que no podría mirarla a los ojos sin sentir un escalofrío de repulsión. ¿Qué le habría prometido a cambio? ¿Valdría la pena semejante humillación?


12:05 PM

    Al salir del vestuario, se volvió a repetir el mantra. Plegaba y empezaba su fin de semana tan ansiado. A las 17:00 PM tenía la entrevista, la última prueba para un trabajo digno. El sábado a las 8:00 AM se reencontraría con todos sus amigos, salvo los que llegasen tarde; puesto que en todos grupos los había, y el suyo no era diferente.
Los dioses le eran favorables. No es que creyera en deidades, pero aquella expresión, simplemente, le gustaba.

_ ¡Toma! Tu nuevo horario. Ha habido modificaciones de última hora. Las quejas a Óscar, soy un mandado._ Su encargado ni tan siquiera se detuvo al entregarle la hoja.

    Tardó dos minutos en atravesar los almacenes enteros y dirigirse a las oficinas. Óscar, el tipo gordo al que Teresa le había hecho un apaño, entraba en su despacho cuando sin más le increpó...

_ ¡Perdone! Me ha cambiado el horario sin avisarme con dos días de antelación como dicta el convenio. Es ilegal, llevo más de dos meses sin un día de descanso y mi contrato es de media jornada, no...
_ ¡Me suda la polla lo que diga el convenio! Este fin de semana trabajas, ya tendrás fiesta el que viene o el otro. ¡No me jodas! Es lo que hay, si no te gusta te largas que hay miles como tú buscando curro._ Con la prepotencia que le caracterizaba, le cerró la puerta de su despacho en las narices.


15:00 PM

    En su cama, miraba el horario. Ni siquiera fue capaz de comer. Su frustración y rabia se la tendría que ahogar con la esperanza de encontrar un trabajo mejor.
Antes de marcharse, habló con el enlace sindical, pero éste no le había prestado mucha atención, se acercaba su hora de comer y no quería liarse con el papeleo. Además, según él, solo podía hacer un escrito que sería remitido a recursos humanos. No llegaría a la mesa de algún iluminado hasta el lunes. Su fantástico fin de semana se había ido por el retrete. Pero lo peor fue enterarse, por una de sus compañeras, que Teresa, no se sabía cómo, había conseguido aquel fin de semana libre, para irse al festival tecno con su novio.
Se sentía como una mierda. Sin mucha convicción se repitió el mantra:

“¡Hoy va a ser un gran día! ¡Hoy es mi día ¡ ¡Hoy voy a tener suerte!”

Aun le quedaba la entrevista. Iba a hacer todo lo posible por conseguir el trabajo, y así podría olvidarse de Óscar y de los almacenes. No avisaría y no se presentaría el sábado a trabajar. A estas alturas, el finiquito no le importaba.


16:50 PM
Oficinas centrales de MUY & TRE



    Al llegar a la puerta del moderno edificio de oficinas, respiró profundamente, hizo un par estiramientos corporales para aliviar tensiones y comprobó que su pelo y su aspecto fuese el correcto en el reflejo del cristal. Pulsó con decisión el timbre. Cinco segundos después, en lo que dudó si habría presionado el botón con demasiado ímpetu o no, la puerta se abrió de forma automática.

Una mujer joven, con una preciosa y larga melena castaña, le sonreía de forma deslumbrante tras el mostrador.
Apenas pudo balbucear su nombre delante de la chica, los cristales eran de vidrio espejados.

_ Por favor, suba las escaleras y espere en la salita del final de pasillo. El Sr. Del Monte enseguida le atenderá. _ sonrió, mostrando unos sexys hoyuelos, a la vez que los ojos se le iluminaban divertidos tras las largas y densas pestañas maquilladas.

    En la sala, decorada de forma minimalista, percibía el ajetreo típico de un viernes a la hora de plegar: voces alegres deseándose un buen fin de semana; ruido de carpetas y archivadores cerrándose; repicar de tacones y maletines de ruedas...
A las 17:00 la oficina, casi desierta, dejaba ver una hilera de mesas bien ordenadas. Un par de cubículos aun tenían luz y gente trabajando en ellos.

_¡Hola! ¿Hoyos, verdad?_ la voz amigable y alegre de un hombre rozando los treinta y pocos, rubio, alto y de ojos castaños y grandes le sobresaltó.
_ Sí._ contestó levantándose hacia la mano extendida del extraño de forma automática.
_ Me llamo David, _le apretó con suavidad_ ¿te importa que te llame Cris?_ le preguntó sonriendo.
_ No._ Al fin y al cabo, así le llamaban sus amigos y la expresión de David le trasmitía buenas vibraciones.
_ No te preocupes, todo irá bien, _ le guiñó un ojo, _ solo has llegado tú de todos los candidatos. ¡Haz lo que te pida del Monte y el trabajo es tuyo! _ se giró y dando un par de golpecitos en el marco de la puerta se fue, _ ¡Nos vemos!

De pie, sin tiempo a procesar la información, escuchó una potente y marcial voz varonil diciendo su nombre completo.

    Ricardo del Monte Ibáñez, director de MUY & TRE, llevaba cinco años en el cargo y supervisaba una a una todas las contrataciones del personal del equipo de asesoramiento.
Sobre la mesa de su despacho, abierto por el expediente académico, tenía el informe completo del posible nuevo miembro.
Poseía el Grado en Empresariales, certificado de idiomas: inglés y francés. Aquella información, aunque relevante no era la que más le interesaba; sin embargo, sí su situación personal.
Con 27 años vivía con su madre: Paquita Fernández García, viuda y pensionista (580 €/mes). Tenía tres hermanos mayores más. Raúl Hornos de 40 años, sin trabajo, llevaba más de 10 años sin haber estado dado de alta de la Seguridad Social, con residencia en otra comunidad autónoma. Lucía Hornos, muerta a los 27 por sobredosis y su gemela Mª José de 31 años, separada con dos niñas: Cristina y Pilar de 7 y 5 años respectivamente. Actualmente, madre e hijas se habían mudado a casa de la madre, la ayuda estatal de 480 €/mes no les permitía un alquiler.
Su cuadro, adecuado para sus propósitos, daba el perfil que buscaba. Pese a todo, la experiencia le indicaba que las cosas nunca salían cómo uno espera y por eso...
Decidido, cerró el informe y lo guardó. Se levantó y salió del despacho. Confiriendo a su voz un tono autoritario, pronunció su nombre en voz alta.
    Una vez en su despacho, percibía sus nervios. Le encantaba doblegar a las personas con su mirada fría y calculadora. Las escrutaba en silencio como un halcón a su presa, hasta que se revolvían nerviosas en su silla; luego empezaba con la entrevista.
_ Así que al fin se decidió a llamar._ le espetó serio.
_Sí, Sr del Monte._ contestó apresuradamente a causa de los nervios acumulados.
_ ¿Qué ha hecho que se decidiera? Tardó 20 días en llamar desde que le diera la tarjeta. _ Sabía el porqué, pero necesitaba que no se relajase.
_ Bueno, _tartamudeó_ El trabajo en los almacenes en Navidad es muy absorbente, pero MUY & TRE es una empresa emergente en su sector que...
_ Cuando quiero que me hagan la pelota, quedo con el director de mi banco._ Le cortó el discurso en seco, no pensaba dejar que se relajase ni un momento._ Repito_ haciendo hincapié en esa palabra,_ ¿por qué quiere dejar su trabajo actual y venir aquí?


    Tras unos segundos de silencio, en los que se volvió a repetir su mantra positivista, respiró hondo, intentando que no se notara –hecho que no consiguió-. Quería aquel trabajo, lo necesitaba.
_ Quiero este trabajo por las condiciones tanto laborales como económicas._ la frase salió provocándole un gran alivio.
_ ¿Qué pesa más lo laboral o lo económico?_ del Monte intuía que iba por buen camino.
_ Lo económico._ Se sinceró. No iba a mentir. Sabía que todos los trabajos tienen sus más y sus menos. En aquél, si lo conseguía, tendría un buen sueldo y todos los fines de semana libres.
_ Dinero, _ sonrió del Monte mientras se recostaba sobre el respaldo de su silla. Sabía que aquel pequeño gesto aliviaría la tensión de la sala._ Poderoso caballero es...
_ Don dinero. _ Le acabó la cita sonriendo.


    Del Monte le devolvió la sonrisa, su pequeño gorrión caía en su trampa.
_ He de comunicarle que tenemos dos ofertas: una ya la conoce, ha superado todas las pruebas y por mí puede empezar este mismo lunes.
_ ¿Y la otra?_ preguntó tras haber dejado pasar unos segundos de silencio incómodo.
_ La otra… Creo que encajará._ sentenció clavándole los ojos en los suyos._ El sueldo es significativamente superior, además de una cartera de clientes propia, porcentaje en comisiones, viajes pagados por toda Europa…
_ ¿Y la pega?_ le preguntó temiendo su respuesta.
_ La pega es, que si sigo explicándole y no acepta, se volverá a su trabajo en los almacenes._ Del Monte, enfatizó muy bien las últimas palabras.


    Durante un corto espacio de tiempo, ambos se observaron.


    Quería aquel puesto, sabía que merecía algo más y su familia necesitaba el dinero. La crisis se había llevado lo mejor de su vida, la esperanza; ahora casi la había recuperado. Un año antes de terminar la carrera murió su hermana, sus notas bajaron en picado. A punto estuvo de suspender. Un año más tarde, un infarto le arrebató a su padre. Ya no se fue de casa y siguió trabajando en los almacenes. No quería arriesgarse a verse en el paro. Para colmo de todos sus males, hacía dos años que su hermana se había separado, mudándose a casa con sus dos hijas. Las niñas le llenaban la vida de alegría y vaciaban con la misma alegría su cuenta corriente.
_ ¿De qué se trata ese segundo puesto?
_ La sociedad evoluciona, al igual que la tecnología los clientes se vuelven más precisos en sus demandas. _ Su tono conciliador y pausado buscaba convencerlo._ Como sabrá, somos una empresa que exporta todo tipo de elementos y servicios para eventos, desde la simple decoración para grandes reuniones, conferencias, fiestas privadas… hasta pequeños e insignificantes objetos que puedan colmar de felicidad a nuestros clientes._ Le dedicó una de sus mejores sonrisas._ Tenemos clientes especiales; necesitan o, mejor dicho, exigen un trato más personalizado. El trabajo de oficina es el mismo, pero habrá de ocuparse de las peculiaridades individuales por extravagantes que le parezcan. Por supuesto, durante dos meses estará a prueba. Tendrá un compañero, David Ruíz, que le enseñará todo lo necesario e irá con él durante aproximadamente unos seis meses. ¿Será capaz de hacerlo?
_ ¿Necesidades especiales?_ pronunció, de todo lo que le había explicado, hasta aquel momento, aquello no le encajaba. _ ¿A qué se refiere exactamente? ¿Irlos a buscar al aeropuerto? ¿Llevarlos de ruta turística?
_ Si es lo que le piden, yo no me meto ni en sus métodos ni en las demandas que le hagan. Para mí es una cuestión de beneficios simplemente. _ Se levantó y se sentó en el canto de la mesa, invadiendo deliberadamente su espacio vital. _ Son cuentas que nos aportan muchos beneficios, a veces no son tan importantes por temas económicos, sino por las relaciones estrategias que nos proporcionan frente a la competencia. Para este puesto buscamos jóvenes a los que les importe más la finalidad; dicho de otra forma: sin escrúpulos.
_ ¿Se refiere a sexo? ¿Habré de proporcionarles prostitutas?_ la pregunta que hacía tiempo que rondaba por su mente salió sin pretenderlo.
_ Sí, el sexo es lo que más vende, no me lo negará ¿verdad?_ le sonrió notando su confusión._ Pero nosotros buscamos un trato más personalizado, se lo comento por lo de las prostitutas. Hay clientes que no les gustan, otros, en cambio, quedarán encantados. Pero eso ya lo irá viendo con David.


    El despacho, de repente, se hizo pequeño y asfixiante. Notaba la presencia del Sr. Del Monte demasiado próxima y la información sobre cómo actuar con los clientes “especiales” le habían dejado una extraña sensación de ahogo. Se lamentaba no haber cogido la primera opción. Ahora si se negaba tendría que volver al almacén con todo lo que eso conllevaba...

_ Bien_ tras un carraspeo_ ¿Qué opina hasta ahora?
_ Opino…_ con la vista perdida entre las baldosas del suelo_ que tendría que haberme quedado con la primera opción_ se revolvió en su silla.
_ Puede irse cuando lo deseé_ Le desafió del Monte con la mirada.
_ No he dicho que rechace la oferta, solo que no era lo que esperaba, nada más._ Por primera vez en toda la entrevista contestó con determinación.
_ Muy bien. Bienvenido a MUY & TRE._ le extendió la mano.
_ Y… ¿ya está?_ preguntó estrechándose la.
_ No. Le queda la última prueba._ Su mirada se volvió oscura_ La que me demostrará qué tan leal va a ser.


    Del Monte, lentamente, dirigió la mano con la que habían cerrado el trato, al botón de sus pantalones; acariciando juguetonamente la pieza de metal: redonda y de color añil. Entreteniéndose curioso, al bajar la cremallera, en la expresión de su rostro: una mezcla de terror y repulsión. Unos bóxer, Calvin Klein, negros aparecieron bajo la tela azul de los pantalones del traje de Armani. Con la ayuda de la otra mano se bajó ligeramente la prenda de ropa interior. Primero introdujo los pulgares bajo la cinturilla elástica y poco a poco fue dejando al descubierto un pene que se iba poniendo erecto por la excitación del momento.
Se acarició los testículos y empezó a estimularse con la mano. No tardó en alcanzar su tamaño real.
_ Su turno_ la voz ronca le delató. Se sentía completamente excitado por lo que iba a suceder. Algo que para él iba más allá del sexo... Era control, poder sobre otras personas.


“¡Hoy va a ser un gran día! ¡Hoy es mi día! ¡Hoy voy a tener suerte!” Se repitió sin saber qué hacer. Tenía ganas de llorar. Al final todo en la vida se reducía a eso... “Chupársela al jefe”.
Con los ojos clavados en el pene y en el movimiento hipnótico de su mano, no se movió cuando éste se acercó. Al notar la punta del glande: húmedo y caliente, en sus labios; los abrió. Un ligero escalofrió le recorrió por la nuca al percibir su sabor. Del Monte puso una mano en la parte posterior de su cabeza y la otra en su hombro. Lo único que pudo hacer para frenar la fuerte embestida fue: pararla aferrándose a la mesa. Después le estiró del pelo, echándole la cabeza hacia atrás.
_Puedes empezar cuando quieras_ le sonrió.


    Al volver a meterle el pene en la boca, duro y erecto del todo, cerró los ojos. Tímidamente pasó la lengua, acompañándola en su recorrido.
_ Muy bien_ susurró_ Vamos, sabes hacerlo mejor, _con la mano, guiaba su cabeza._ Succiona la punta._ Le ordenó.

Obedeciéndo empezó a succionar; primero sin mucho acierto, no conseguía seguir el ritmo. Pero del Monte se percató y, ralentizando sus embestidas, sin quitarle la vista de encima, esperó a que se amoldara a su frecuencia.


    Del Monte emitió un gemido de placer que le recorrió el cuerpo, después de los nervios y la tensión acumulada las últimas semanas, a causa de los preparativos de aquella entrevista, al fin podía relajarse.
Como le gustaba el tacto rasposo y húmedo de la lengua en su glande, y la sensación cuando se la succionaba. Se empezaba a soltar, y al igual que ésta, había entrado en el juego. Ya no le apretaba ni guiaba la cabeza. Disfrutaba admirando su dominio. Le había revuelto el peinado. Su presa mantenía los ojos cerrados. De tanto en tanto le estiraba de pelo hacia atrás para que los abriera y le mirase. Después se la sacaba de la boca llena de saliva y se volvía a meter, a veces suavemente... otras no tanto. Quería que los mantuviera abiertos para que viera lo que estaba haciendo. Rompería cualquier resquicio de dignidad. Se aseguraría que siempre hiciera lo él quisiera.
Al pensar en aquello y con la imagen de su polla entrando y saliendo de su boca se corrió, impidiéndole con fuerza que se separara y descargando las ráfagas de semen contra su paladar.


La segunda parte el 1 de abril.
No te la pierdas... La Entrevista II



Este relato ha sido escrito por Roberto García @TintaDePlanta
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